Aspresso tenía una base sólida: 1.600 socios, comunidad activa, producto bueno. Pero no había forma de saber por qué crecían unos meses y otros no. La captación llegaba — cuando llegaba — por boca a boca, por temporada, por suerte.
El problema no era visibilidad. Era ausencia de sistema. Sin entender qué traía socios reales, no se podía escalar nada.